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UN ESPEJO DE SEDUCCIONES PARA EL ALMA Y POR EL ALMA!



sábado, 29 de noviembre de 2008

Atisbos

En cada crepúsculo te espero
al murmullo de tus pisadas
redoblando ecos en mis espejos.
Tu cercanía y ese beso tibio sin reproches,
sin barreras
más que la distancia que nos separa.

Hundes atisbos en mi agónico silencio
que sabe a menta
y huele a durazno de feria sin mercar,
conozco ese brillo en tu mirada,
tu respiración
y el vaho de tu aliento cuando empaña
los cristales que se quiebran
con el eco
de las huellas del hombre de las nieves
que entre las praderas y montañas
se hace fuego abrasador.

También te espero al despuntar del alba
con tu aliento trasnochado
el cabello revuelto
y aquella embriaguez desnuda
posada entre tus caderas de cabaret
locura en desmedidas resonancias
tatuada
entre los lienzos donde se dibujan las siluetas
cada aurora
cada despertar del gallo que nos anuncia la diana
al chisporroteo del alba.

Ligia Calderón Romero
© Derechos Reservados
24-11-7

Lágrimas de poeta


Detrás de un poema se viste el lirio
del azul del cielo y el blanco del alba
donde deja la madrugada sus gotas de rocío
y se tiñe la mañana en verde melancolía.

Detrás de un poema acaricia el sol
las alas de tergal de la frágil mariposa,
florecen rosas, amapolas y cerezos
y toca la lluvia los rotos cristales.

Detrás de un poema se mira la luna,
se hace verso el abecedario,

desnuda alondras la voz del poeta
y teje vuelos el crepúsculo de argento.

Detrás de un poema cada pensamiento
se hace fuego aún entre témpanos
y colorea el ocaso sus mejores lienzos.

Detrás de un poema un hombre llora
de tristezas pero también de contento....

Detrás de un poema te siento despacio
ciñendo tu vaho en mi cuello.

Ligia Calderón Romero
© Derechos Reservados

29 de noviembre, 2008

lunes, 17 de noviembre de 2008

Mi peor enemiga



Mi juventud transcurre
dentro de los parámetros normales
mi casa, el gallo, la gallina

la fuente y el perro azabache;
olvidaba la báscula

con sus cuatro verdades.

Mi estatura un metro setenta,
mi peso exacto

ciento dieciocho libras.

Diariamente visito

la señora romana

ella, un tanto informal

siempre replica: ¡Flaca…!

Mi peso no logro subir,
en tanto visito a mi suegra

apenas la conoceré.
de vuelta en mi casa con mi bello galán

me mira pensativo

y empieza su relato:


La muchacha muy linda

me dice mi mamá

pero, Ay mi hijito!

que los huesitos se le ven.


Recurro entonces

a la farmacia del lugar
un reconstituyente has de beber

al terminar la dosis

esperas tres meses exactos

y los resultados verás.

Transcurre el tiempo

y todo sigue igual
entonces desespero,

no debo claudicar.


Regreso a la farmacia dos dosis más
al pie de la letra, mi Dios

las fui a tomar.


Siete meses después
en mi casa todo anormal
una cerdita

pues al fundo sumé.


¡Reclamo mi peso ideal!
Subo a la roma
y ella con voz descomunal
Grita sincera
¡Gordaa!
¡Gordaaaa!
¡Gordaaaaaaaaaaa!!

El eco zumba en el desván
entonces desespero, corro,
mi novio me abandona

con algunos kilos demás

Hoy lucho

por recuperar mi peso ideal.


Ligia Calderón Romero
© Derechos Reservados
20 de Mayo, 1999

Palabras hechas de miradas


Detrás de los barrotes su infancia reclama
dentro de cinco años cumplirá sus ocho,
escasos de inocencia con muñecas aún jugaba
mientras a fuerza en mujer la transformaban.

Inefable condena. Su cuerpo de niña
bordado en caricias profanas,
en su mente sembraban la malicia temprana.

Ya conoce el amargo sabor de las rejas.
La libertad condicionada, el violador,
juez sin vergüenza, su carcelero,
dictaba sentencia.

Al son de su danza la niña danzaba
atrapada entre sus garras. ¡Violada!

El eco de su sonrisa suspendido en el tiempo,
inventaba palabras hechas de miradas
desbordadas en llanto auxilio suplicaban
sin que nadie su grito silencioso escuchara.

Guardaba silencio, llenaba sus labios
de palabras que amordazaba.
Sus gestos corporales lenguaje de niña lacerada.
Atención nadie prestaba, si recriminaban.

No supo nadie de su amarga condena.
Detrás de los barrotes hechos de amenazas
su inocencia quedaba sepultada.
Su último grito quedó en el silencio,
su amargo sabor en el paladar del tiempo
y una denuncia atrapada en mis versos.


Ligia Calderón Romero
© DERECHOS RESERVADOS
28 de julio, 2008

Que no me llamen Madre


¿Pero, qué clase de madre soy
que tira a mi niña a la prostitución
en brazos del canalla que vive conmigo?

¿Dónde está entonces mi corazón materno?
¿Acaso me lame la sonrisa de la inconciencia
o es que vivo perdida entre lo mundano
al punto de no importarme la fragilidad
y el dolor de mis retoños?

¿Acaso no me repartieron un trozo de cordura
con mesurado uso de raciocinios y vehemencias
para defender el honor de mi criatura indefensa?

Ah! No, creo mejor sus bestiales justificaciones
lacerantes actos sucios e impunes,
palabras de veneno que matan poco a poco sin remedio.

No escucho el grito de sus llagas de dolor
estampadas en sus tiernas pieles ajadas
por la insolente y descomunal sinvergüenzada
de aquel que engaña con manipulación y labia
bajo una farsa de caricias sucias y pestilentes.

¿Qué sabe una inerme criatura de ocho años
sobre lo que es el abusador y el deshonesto
que se cobija bajo las mismas sábanas
de aquélla a quien le prodiga la palabra madre?

¡Madre! reclamo sobre el uso de esta palabra santa
que vierte amor y derrocha borbotones de ternura.
¡Madre! La que cuida como fierecilla sus criaturas
esa que no escatima dulzura para ofrendarles.
¡Madre! esa no soy yo.

Soy esa que permitió en su mismo lecho
por once años lacerarle los derechos
y violar frente a mis ojos y adormecida conciencia
la virginal pureza de una niña indefensa.

¡Renuncio por ello a ser madre!
Entonces… ¡Que no me llamen madre!


Ligia Calderón Romero
© DERECHOS RESERVADOS
2 de agosto, 2008

Haiku I (guerra)


Desolación
sobre cristales rotos
firma la guerra


Ligia Calderón Romero
© DERECHOS RESERVADOS
11 de agosto, 2008

Haiku II (guerra)



Ríos de sangre
enlutan las naciones
¡maldita guerra!



Ligia Calderón Romero
© DERECHOS RESERVADOS
11 de agosto, 2008

domingo, 16 de noviembre de 2008

Ónices de fuego


Azabache de largas guedejas
matizas el cristal del universo
con tus ónices de fuego,

silencio aturdidor de cuerdas rotas
grita el arpa de la ausencia,

se rompen los tímpanos de la espera
al grito de la hoguera del segundo
que eterniza la mirada alba
del amor que abrió sus alas,

silencio aturdidor de cuerdas rotas
grita el arpa de la ausencia.

Tu voz se perdió en la bruma,
y tu nombre se borró al despuntar el alba.

Ligia Calderón Romero
© DERECHOS RESERVADOS
22 de setiembre, 2008

jueves, 31 de julio de 2008

Lágrimas de estiércol

Su nombre es vuelo pretérito.
El recuerdo de su mirada canta primaveras,
su magia se enreda entre mis cristales
y pinta el verano al pie de mi ventana.

Traviesas las palomas de sus manos
deshojaron mis otoños con sus dedos,
plantó y cortó flores en el desierto
e incendió témpanos de hielo.

Ardieron sus arenas en el fango del delirio
en sus noches dementes inmoló mis ansias,
cortaba soles en primavera como en invierno
me amaba entonces, sí, entonces me amaba.

Su estrella rogaba por una sola de mis caricias,
moría entonces por una de la suyas
y entonces moría por un trozo de mi universo.

Lo recuerdo, vino del cielo, lo trajo la brisa de invierno.
En sus alas violáceas trajo lo desconocido:
exquisitos bembos de lavas ardientes…

Enredó sus ósculos entre mis labios, me amó entonces.
Pero se fue con el verano, calzó en otros pies sus zapatillas,
mis horas las colgó del péndulo, el reloj se llevó a otra parte.

Abrió sus alas, se llevó mis mejores sueños,
ató sus zapatillas al silencio, se llevó las mías
y quedé descalza de ilusiones.

Quedé con el eco de sus inviernos
anudado en la garganta de los deseos
y una mirada perdida en el horizonte
con un firmamento de lágrimas de estiércol.


Ligia Calderón Romero

© DERECHOS RESERVADOS
28 de junio, 2008


(MP, P.PURA)

Crepuscular

Pretérita la noche, cual diamante
cuelga la luna con su luz temprana
celosa estrella asoma a mi ventana
y parece el conjunto un fiel amante

Crepuscular sonata alucinante
ese mágico instante de la Diana
cuando renace el sol por la mañana
en seductor paisaje deslumbrante.

Luce el amanecer tan bella gema
en pinceladas rosa y escarlata,
parece la alborada un gran poema

fundamental en una serenata.
Semeja el horizonte cual diadema
hecha con cuentas de marfil y plata.


Ligia Calderón Romero
© DERECHOS RESERVADOS
10 de junio, 2008